Dato friki

¿Qué hora es corazón?

domingo 29 de noviembre de 2009

Favio Baggins...


Qué daría por estar así, como Frodo, apoyado en un árbol en una templada tarde, descalzo, mirando como el tiempo pasa, y leyendo un libro (El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey me falta por leer)... sólo espero poder hacerlo en un tiempo más.

martes 8 de septiembre de 2009

Number nine... number nine... number nine... ♫


Ayayay, me inunda una gran emoción al respecto, es que es una serie de cosas que hacen que aquel hecho cobre mayor significado, y me hace esperar con más ansias el probarlo en mis manos.

Pues sí, como lo indica Revolution 9, el día más indicado que pudo llegar a salir un juego como aquel.

Se juntan gustos antiguos de procedencia desconocida, gustos nuevos por escuchar cosas de aquellos anteriormente mencionados, una admiración a aquello que formaron en una década, a lo que hicieron cada uno por su cuenta e incluso a sus historias, y bueno, grandes canciones que han trascendido obviamente.

Mi experiencia partió por curiosidad, por conocer más canciones y, finalmente, la discografía de los Fab Four. Genial, sorprendente para la época y lo que vino luego, y bueno, las noticias vuelan y entre ellas esta sorpresa. Y la emoción me llenaba porque era algo que, en cierto modo, esperaba que llegara algún día, además que bueno, si Salfate te habla de Paul is Dead y estás en cama sin mucho que hacer, se busca y busca y se informa y se trauma, y termina bajando 10Gb en temas de Paul McCartney… si, le ocurrió al amigo de un amigo…

Y conociendo detalles y sorpresas, gadgets e imágenes, no hay más que quizás las más grandes expectativas de diversión y emoción, con amigos y familia (más de algún papá se tirará al micrófono, lo sé), en un título que, a pesar que tal vez no lo indique explícitamente, te cuenta una historia, una buena historia, y te hace pensar en lo que hay y lo que hubo, en lo que se quedó y lo que se fue, que para alguien como yo es vital, esos viejos tiempos en los que lo popular… era sencillamente genial.

sábado 8 de agosto de 2009

Estaba pensando que... #3

"... hay una gran ironía ahí afuera, con el acontecer diario, en donde la gente mira las cosas sólo cuando ya están frente a su nariz...

¿Tiene que alguien golpear, violar, meter en un bolso y tirar al mar viva a una pequeña niña para que recién se percaten que la pena de muerte es una solución?, es algo que hace años debían haber visto, mucho antes que alguien inperdonable hiciera tales atrocidades a sus parientes, conocidos, amigos o a quien vieron en la TV, es... prácticamente de sentido común..."

sábado 1 de agosto de 2009

Polígrafo

A lo largo de mi vida he sentido una extraña gama de presiones, otra cantidad dudosa de nubosidad, una pizca de orgullo, pero sobre todo, una cantidad enorme de temores y dudas. He hecho lo posible por determinar razones lógicas y responder aquellas preguntas, manteniendo una visión amplia de las cosas que no merecen más que eso. He intentado analizar comportamientos extraños, reacciones premeditadas, pautando algunas sin querer, y la vida tal vez me ha mostrado cosas de una forma distinta debido a mi anterior vivir, a la forma como he llevado la misma, no lo sé, pero estoy seguro que lo más probable es esperar respuestas negativas, aunque la mayoría de las veces da igual.

Lo sin sentido e innecesario me sorprende sobremanera, la cantidad de peso que la gente pone sobre sus hombros, sin saber siquiera el porqué está ahí, justificándolo con el deber, un temor, la incertidumbre. Rutina dirán algunos, o pensar que alguien tiene que hacerlo, siendo que tal vez, en algunos casos, la respuesta sea sencillamente la indiferencia a cosas que no incumben.

Encubrir, omitir, da igual como se mire, da igual qué se opine al respecto, el hecho es el mismo sólo que en distinto grado, pero la cagá ya está hecha y entonces no hay más que seguirla, pues claro, ¿quién quiere hacerse cargo de cosas que ni siquiera entiende?, he ahí el dilema. La decisión siempre ha estado en nuestras manos, pues el intelecto está, el pensamiento sobre el vivir y cómo hacerlo, la distinción entre lo bueno y lo malo, y así, un mar de interrogantes que hemos resuelto conforme al tiempo, mediante la experiencia en el diario vivir, decidiendo qué hacer y qué no, qué seguir y qué no.

Pues bien, yo decidí no hacerlo, porque sencillamente no tiene sentido, no aporta a una vida ya repleta de otras cosas en las que pensar, y que tienen más razones para estar ahí.

Ignorar acontecimientos, hacerse pasar por otra persona, mirar con ojos curiosos y temerosos ante una mínima insinuación de lo hecho, ya eso inquieta a un grado tan alto que es preocupante, recordar a cada momento el teatro en que se transformó el vivir en cierto ámbito. Porque seguirá siendo un bucle hasta que alguien haga algo al respecto, cortar la línea, enfrentar algo que no se sabe, pero que por miedo o desconocimiento se sigue, se traslapa, se extiende y masifica, se distorsiona como cualquier mito, generación tras generación, palabra tras palabra…

No teniendo la necesidad, pudiendo perfectamente decir que no, liberar aquellas almas encerradas en un círculo vicioso, liberar aquel brillo en la mirada y sonreír a plenitud, o llorar a cántaro, un alivio que no se conoce porque jamás se pensó en ello, es… el mero hecho de no preocuparse de cosas así.

Porque está en todos lados y a cada momento, porque vive como parte fundamental en la convivencia y el quehacer, en los negocios y en la entrega de información, idealizando, prometiendo, no quiere decir que sea fundamental, es sólo un mal hábito que ha trascendido el tiempo y el espacio, una mala costumbre debido a la simpleza del contenido, sin pensar en el trasfondo ni lo que conlleva, echando más leña al fuego y más peso a la espalda, ¿por qué, por una simple mentira? Yep.


- ¿Te puedo pedir un favor?
- Por supuesto.

¿Con qué certeza puede uno asegurar eso?, porque de pedir claro, cualquier cosa, pero no anticiparás una respuesta, no habrá un acto sin precedentes, sin pensarlo, obligado sólo por haber accedido, nada a ojos cerrados. Ahí es donde las promesas anticipadas y las cosas “para toda la vida” caen frente a la incertidumbre de lo desconocido, pues no hay forma de asegurar aquello, pues cualquier cosa puede pasar, cualquier probabilidad minúscula puede ocurrir, cualquier plegaria puede desmoronarse, y entonces aquellas palabras no habrán valido nada, se quedarían sólo en eso, palabras, y conformarán parte de otra de las miles de mentiras que la gente dice para satisfacer a alguien, para conseguir algo, para pasar a llevar y generar esperanzas en vano. Es ahí donde el engaño y omisión forman parte de un todo.




Hola niños, les voy a contar un cuento:

‘Rómulo es un chico común y corriente, va a la escuela y es un estudiante esforzado, no resalta por ser popular pero tampoco es mirado en menos, camina tranquilo por los pasillos y sonríe de vez en cuando. Clotilda, su mejor amiga, lo ve un poco afligido y le pregunta qué es lo que le pasa, él le dice que hizo algo que no puede contar aún, que está nervioso, y le pide a ella que no le diga nada a nadie, siquiera que está preocupado por algo. Ella duda de la veracidad de sus palabras, piensa que esconde algo poco agradable, sabe que él lleva un año y medio pololeando y que la relación entre los últimos a pasado ‘a mayores’, es entonces cuando una luz alumbra su visión y muchas piezas sueltas comienzan a encajar. Ella quiere ayudar, darle una mano, aconsejarlo siquiera, pero también su amigo dijo que él contaría lo ocurrido.

Su buena voluntad la lleva a buscar ayuda, pero no sabe a quién acudir, el problema es que su grupo de amigas le sacó información sin que ella se diera cuenta, es entonces cuando la serie de Lemony Snickets toma forma y tres personas clave escuchan lo acontecido: los padres de Rómulo y el director de la escuela. Los primeros se horrorizan, se culpan a sí mismos por una educación ineficiente, mientras que el otro quiere tomar cartas en el asunto. Alberta, novia de Rómulo, no sabe de qué habla, pero tampoco niega contacto con su pareja.

Rómulo es golpeado en las afueras del colegio por Ramsés, hermano de Alberta, como justicia, sus padres lo castigan sin explicar razones mientras que el director cita a la familia urgentemente, con peligro de expulsión. Nuestro amigo está más afligido, pero no tiene otra opción y va a la reunión.

Es entonces cuando muchos rostros cambian matices, pasan de horror, desprecio y desilusión a unos de sorpresa y arrepentimiento, en el momento justo en que Rómulo les cuenta a todos que todos los días, luego de clases, hace trabajos esporádicos para poder pagar la cara universidad a la que piensa postular, sin decirle a nadie, y está cansado pues el tiempo para cumplir sus otros deberes es menor y ha dormido poco, pues su idea era darles la sorpresa cuando rinda su prueba y pueda asegurar su futuro.‘

Hey, niños, ¡despierten!, grrrrrrrrr…

Considerando el hecho de una reacción en cadena, de un malentendido o tal vez un simple mal rato, tal vez sea mejor evitar ciertas cosas, dejar de conspirar o inventar y basarse en cosas realmente importantes, ¿es mucho pedir?, empezar con algo pequeño, pero importante, aquellas cosas diminutas que se hacen quizás para encubrir detalles, ¿no sería mejor solucionar aquello que las provoca?, tal vez sea más fácil, perdure más, haría la vida más eficiente y más fácil de entender, pues, si para hacer un lugar más ameno recogemos un papel del suelo, ¿no es aplicable lo mismo en este caso? Son esas cosas, esos detalles, los que marcan la diferencia.

No sé, tal vez pueda generar una reacción en cadena, pero en el sentido opuesto, de las buenas y duraderas, hey, inténtalo algún día, tal vez te sorprendas del peso que llevabas sobre tus hombros.

lunes 13 de julio de 2009

Cerebros curvilíneos

He estado los últimos 5 meses de mi vida haciendo una investigación exhaustiva, analizando una y otra vez una infinidad de documentos e imágenes, reproduciendo incontables veces videos relacionados y pasando largos desvelos concluyendo al respecto, tratando de entender ciertos aspectos del tema en cuestión. Y bueno, el capítulo diario de SQP había terminado, para dar paso al episodio semanal de Primer Plano que tenía grabado, no sin antes hacer zapping por los diversos canales para apreciar caras nuevas. Más a la tarde Calle 7 y Yingo me demostraban que la actualidad nacional estaba de lo mejor, y así, una larga cacería que entrenaba mis ojos, terminando, obvio, con Morandé con Compañía, llegando entonces a la culminación de mi investigación, y otra desvelada de reflexión...

Pues la verdad, todo era una gran mentira, nunca fui a la Universidad, congelé el semestre cuando me dispuse esta tarea…

Vi tanta gente y tan poca ropa, tanta conversación sin sentido y aquel mundillo loco y sin sentido que era la farándula, peleas imbéciles, amoríos por doquier, y yo ahí, comiendo cabritas y sumamente atento a esos detalles que marcaban la diferencia, que hacían a una participante más bien vista que otra, las razones de sus peleas, de sus amores, de sus penas y alegrías, y luego de disfrutar cada momento de carencia cerebral como si se tratara de la mejor comedia, hice lo posible por canalizar mis emociones y abocarme en lo que me competía, en ver la otra cara de la moneda.

Miraba a esas mujeres con poca ropa, cabello rubio, grandes senos, pequeñas cinturas (de forma analítica, analítica), pensando que tal vez, en algún universo paralelo, podrían ser alguien en la vida, digo, ¿es ella culpable de ser socialmente aceptada por el hecho de tener el pelo rubio, curvas y ser tonta? Haciendo una balanza, donde por un lado estaba la sabiduría y el bajo perfil y por el otro la bella estupidez, el resultado era evidente, pero, ¿por qué? La respuesta, en todo caso, es bastante obvia: La vida se les ha hecho fácil en algunos aspectos por el hecho de ser encachá.

Eso responde a algunas de mis interrogantes de juventud, pero ahora intento verlo de un lado más analítico, y considerando la naturaleza humana como una economía de recursos, por tanto, si se tiene una vía más directa para ganar dinero y fama, frente a un futuro incierto dependiente del esfuerzo, está más que claro. Si se tiene la forma como elegir ese camino, que en este caso pasa a ser teniendo las características físicas indicadas, se tomará ese camino, porque es el más fácil. Eso explica, en parte, el porqué la gente fea es inteligente, porque no tuvo la opción de tomar el camino fácil, sólo podía esforzarse para surgir, o quedarse jalando en la casa y jugando a la pelota en el barrio, para luego salir a robar para consumir pasta base, pero esa es otra historia…

Digo, no teniendo esa apariencia socialmente aceptada uno debe ganarse las cosas de la manera legal, estudiar una carrera y aprender de la vida tropezando innumerables veces, adquiriendo conocimientos para entender el mundo y así encontrar su lugar en él, porque si la tuviera tal vez se preocuparía de otras cosas, de acrecentar sus atributos, de triunfar siendo un seductor, de aprender a caminar en una pasarela y quien sabe que otras cosas, dejando de lado, evidentemente, el otro sector intelectual.

Si, por eso el feo es inteligente y el lindo está en la tele haciendo estupideces.

Claro, hay excepciones, pocas pero las hay, tal vez por educación o por vocación, y esas sí que valen, porque eligieron un camino difícil no necesitándolo. Esa linda doctora en medicina que ves en la clínica, egresada de una universidad estatal, que le encanta su pega y rompe corazones por doquier, ella si que vale, es alguien que pudiendo ser cualquier persona famosa o socialmente importante eligió el camino de la sabiduría, y triunfó en ello. Pero de la misma forma, esa chica curvilínea y famosa, buscada por muchos por sus atributos y lo que implica estar con alguien como ella, que vive yendo a programas sin sentido y mostrando su humanidad, pues, ¿qué se puede esperar de ella?, ¿qué va a pasar cuando aquello que la mantiene donde está se acabe? Es gente incomprendida tal vez, que no encontró un camino, que no lo supo ver o sencillamente se aprovechó del momento, qué importa, la cosa es que ahí está, frente a la pantalla, rellenando, haciendo estupideces, haciendo creer que le encanta lo que hace...

He pensado que tal vez sea algo malo, digo, ¿si no fuese encachá estaría donde mismo?, tal vez hubiese elegido una mejor vida, tal vez estaría intentando ser algo más que un caparazón decorado sin nada dentro, tal vez estudiando, tal vez trabajando en otra cosa, tal vez siendo abusada de otra forma o consumiendo pasta base, quien sabe, lo importante es que quizás su crimen haya sido haber nacido con lo que actualmente es apetecido, grato de ver tal vez, teniendo un cuerpo que sonríe, aunque el interior llore pidiendo una salida, un significado a su existencia...

Pero claro, siempre está la opción de calmar esa agonía con unos cuantos cc extras por pechuga...

sábado 4 de abril de 2009

Complejidad de Algoritmos

Desde hace un tiempo me he puesto a pensar en ciertos aspectos de mi vida, sobretodo los que me competen en el actual vivir. Un día a día desde hace tanto tiempo que simplemente no pude evitar considerar, pues gran parte de mi día lo he pasado con ellos, a los cuales observo, admirando y aborreciendo, queriendo y odiando. Era evidente, ya que de aquellos depende mi futuro, si sería alguien competente o sencillamente otra persona mediocre que está donde está a tientas...

Claro, los docentes.

Ogros malhumorados, carentes de afecto o comprensión, que no les importa lo que ocurra con tal de recibir su sueldo. La visión general, el cliché, el estereotipo que cualquier adolescente tiene en su mente, claro, si este quiere sólo salir de clases a poncear con desconocidos y pegarse enfermedades (porque a estas alturas de la vida, la mayoría es gente imbécil...) Quizás ese chico haya tenido mala suerte, quizás venía de antes con la imagen en su mente y los metió a todos en el mismo saco, o tal vez era cierto, cómo saberlo. Pero qué pasa en estos casos, me asalta la duda, ¿de quién es la culpa, del alumno rebelde incomprendido o del profesor ineficiente malhumorado?

Sinceramente, mi balanza personal ante esta pregunta tiene a la segunda opción.

Pensemos un momento. ¿Qué cualidad necesita un profesional para poder rendir plenamente, esforzarse lo necesario y poder resolver los problemas que se le pongan por delante?, pues vocación (entre otras claro).

En una situación ideal aquel que entra a estudiar sabe a lo que va. Siguiendo con eso, alguien que lo hace con la vocación comprende que se encontrará "de todo" a la hora de ejercer. Entonces, en algo tan valioso como lo es la educación, esta característica es escencial, y por tanto, alguien que va a ello debería estar preparado para lidiar con cualquier tipo de estudiante. Porque alguien que ama lo que hace hará todo lo que esté a su alcance para dar a conocer los conocimientos a cualquier persona, no importando lo terco que sea, lo desmotivado que esté, lo distraído y aburrido que se presente, él debería ser capaz de llamar su atención y buscar la forma de que aprenda.

Y además, pero no menos importante, sobre sus hombros recae la responsabilidad del conocimiento para el resto, poseer la información necesaria para responder cualquier pregunta, ser lo más creativo posible para explicar una idea.

Ayayay, en mi mundo onírico la idea de un docente es alguien tan importante como cualquier científico connotado...

Pero volviendo a la realidad, ¿cuántos realmente cumplen esos requisitos?, ¿cuántos profesores hacen lo imposible por que todos aprendan?. Es cosa de ver cómo están las cosas actualmente aquí para mover la cabeza de lado a lado viendo cómo cada vez vemos más gente incompetente de la cual depende nuestro futuro. Bueno, si tenemos gente que no ha terminado 4to medio como alcaldes y modelos como concejales municipales, temo por el futuro de la humanidad, porque de seguir así se van a caer más puentes de los que alcancemos a construir correctamente...

Por eso he pensado mucho al respecto, y no, no hay forma que pueda llegar a ser un docente. Es un compromiso que no puedo tomar, una responsabilidad que no puedo asumir por respeto y moral, porque sé que no rendiré, que no tengo el conocimiento necesario, los métodos necesarios... ni la vocación.

martes 10 de marzo de 2009

Un día de aquellos

Parecía un cachorro asustado en una tarde lluviosa, un vagabundo poniendo su mejor cara para obtener dinero o un tímido extranjero que no tiene idea de la lengua coloquial, miraba a todos lados con una cara un tanto de melancolía, otro tanto de temor, las cejas anguladas, la mirada débil, la boca cerrada, los labios arqueados levemente hacia abajo. El suelo estaba templado y más ahora por mi propia temperatura, mis rodillas flexionadas eran afirmadas por mis manos medio extendidas, mientras una tarde de primavera cualquiera azotaba aquellos muros y rincones.

Aleatoriamente me fijaba en pequeños detalles, un zapato desabrochado, una camisa no planchada, una falda más abajo de las rodillas, vellos erizados por razones extrañas, cabellos rectos y duros a causa de algún fijador, lentes multifocales de marco café oscuro, un maletín azotado por los años, una pulsera de piedrecillas de múltiples colores, pelos de gato en los hombros de aquella chaqueta... nada del otro mundo. Personas cualquiera que transitaban en sus propios, pequeños y personales mundos, algunos eludiendo al resto por temor, otros por egoísmo, aquel por apuro, ella por soberbia, separados entre sí por burbujas invisibles, aislantes, despreocupados del resto.

Árboles aleatorios cuyas hojas se movían libremente de acuerdo a las brisas agradables que recorrían el lugar, ruidos de autos a lo lejos, murmullos en algunas bancas, tenues choques de agua contra el piso de aquella pileta que funcionaba sólo de vez en cuando. Afortunadamente no había tanto sol como para preocuparse y buscar una sombra, por suerte nada impedía que mi estancia ahí pasara tan desapercibida como lo era actualmente, lo cual era mi idea desde un comienzo. Pues sin estorbar era parte de cada pequeño mundo frente a mí, mediante mi mirada podía deducir algunas razones o pensamientos, un negocio en proceso, un preparativo para alguna despedida, agobio por una tarea no realizada, deseos de ver a un novio, pena por un familiar recientemente fallecido, espera a que llegase alguien.

Todos tenían algo en sus miradas que les permitía expresar sus sentimientos y acciones, sus deseos y miedos, algún gesto que significara una pieza más en el rompecabezas de la personalidad, toda la gente tenía sus motivos para estar ahí y sabía perfectamente adonde estaría luego, todos menos yo, que con mi mirada tanto perdida como sumamente atenta estaba ahí, sentado en el piso y apoyado en un muro, por nada en especial, el simple hecho de observar.

Esa gente de vez en cuando hacía una que otra mirada al rededor, y tal vez alguna se cruzara con la mía, pero debido a mi desinterés y a la vez suma preocupación no tenía mucha importancia, esa mirada seguía y volvía a donde comenzó, aunque en ningún momento deseé que fuera de otra forma. Era una persona cualquiera en un lugar aleatorio, mirando a la gente pasar sin preocupaciones más que las básicas.

¿Qué me había traído en primera instancia a este lugar?, no lo recordaba, o si lo hacía no importaba, a fin de cuentas mis razones o motivaciones eran irrelevantes frente al mar de preocupaciones y estrés que guardaba el resto de la gente. No entendía cómo podían tener tanto peso innecesario sobre sus hombros, cómo vivían cada día arrastrando pequeños problemas de antaño, cómo no miraban dentro de sí mismos y se preguntaban si al menos estaban tranquilos y felices. ¿Qué podían responder a eso?, quizás la mayoría decía externamente que lo era, pero en realidad dudaba que alguno, incluyéndome, tenga paz interna o algo semejante. Si bien es cierto esa gente gratuitamente se había autoimpuesto muchas responsabilidades, variados pesos extraños y, pensados por segunda vez, innecesarios, pero ya bajo tierra las semillas del quehacer no había mucho que hacer, no había escape al jardín propio, puesto que inevitablemente debían cosechar lo que sea saliera de ahí.


Entonces murmuré cosas inaudibles e irrelevantes y comencé a pensar un poco más, veía esas caras y pensaba que algo les faltaba. No era que yo tuviese ese algo, sino que mi estadía hasta el momento me había llevado a esa conclusión, mi análisis de sus personalidades que había hecho en mi mente casi sin querer, sin embargo no sabía qué era aquello, quizás una sonrisa, quizás un susto, una llamada inesperada o un ascenso. Entonces, sumido en un mar de pensamientos vagos y sin sentido sentí algo en mi interior, físicamente, un pinchazo extraño que no había sentido antes.

¿Acaso ellos lo habían percatado?, ¿alguno se preguntó cuál era mi razón para estar ahí?, no importaba, ni siquiera a mí me importaba, pues a fin de cuentas era sólo otra partícula de aire que no molestaba a nadie salvo por su mirada neutral, y mientras me apoyaba a la vez en el muro con la espalda y en las rodillas con mis manos me puse de pie, y vi los cuadrados del piso volverse por una milésima de segundo un poco borrosos. Pestañeé y miré a la izquierda, una pareja se besaba bajo la sombra de un árbol, más atrás un anciano sentado le daba migas de pan a algunas aves, y sonreía. Giré mi cabeza un poco y le miré haciendo la mueca de una tenue sonrisa, y a continuación volví a mirar al frente. Algunas aves se movían entre los árboles y un niño metía sus manos en la pileta, su madre se acercaba y las retiraba, parece que se había enfadado. Levanté mis hombros entonces en señal de despreocupación y di un paso al frente, cuando un segundo pinchazo, pequeño y agudo nubló mi visión por segunda vez.

"Quizás necesiten un pequeño empujón" fue lo que pensé instantes antes de desvanecerme en el piso, y el ruido seco de un bulto caído fue lo que hizo girar algunas cabezas y callar algunas voces. Varios pájaros volaron de los árboles entonces, mientras la última migaja de pan era devorada por una gorda paloma gris oscuro.